Artritis Reumatoide
| ¿Qué es la Artritis Reumatoide? |
La Artritis Reumatoide (AR) es una enfermedad crónica que ocasiona dolor, rigidez, inflamación y limitación en la movilidad de diversas articulaciones. La causa de la AR se desconoce. Como en la mayoría de las enfermedades autoinmunes existe una predisposición genética y unos factores ambientales que favorecen la aparición de la enfermedad.
Entre los genes asociados a la AR destacan el HLA DRB1, el PTPN22, el STAT4 y el 6-q23. El tabaquismo, es el factor ambiental más claramente implicado en la enfermedad. También se desconocen los mecanismos que perpetúan este trastorno pero es seguro que obedecen a deficiencias en el funcionamiento de nuestras defensas naturales, de tal manera, que no reconocen nuestras articulaciones como propias y las atacan. El síntoma fundamental de la AR es la inflamación de una articulación sin traumatismo previo, es decir, una artritis.
También es posible que que la AR se manifieste presentando inflamación adicional en otros órganos como el pulmón, la piel, los vasos sanguíneos o el corazón. La afectación articular de la AR se acompaña de rigidez en las articulaciones que, caracterítsticamente, es peor durante las primeras horas de la mañana pudiendo durar ,inclusive, todo el día. En la AR puede verse implicada cualquier articulación del esqueleto pero es más frecuente una afectación simétrica en las pequeñas articulaciones de las manos y de los pies. El diagnóstico de la AR no es analítico sino eminentemente clínico. La detección de un factor reumatoide positivo no implica necesariamente el diagnóstico de AR y viceversa. El diagnóstico y tratamiento precoz de una AR mejora notablemente su pronóstico y calidad de vida. El único especialista capacitado para su diagnóstico precoz es el reumatólogo. Por todo ello ante una artritis se debe acudir con celeridad a un reumatólogo para su correcta evaluación.

Tratamiento y Perspectivas
El éxito del tratamiento de la AR depende de su diagnóstico temprano y, en muchos casos, de la agresividad inicial que se emplee. La AR todavía no tiene cura y no se la puede considerar una enfermedad que permita contemporizaciones en su tratamiento. Una vez confirmado su diagnóstico cuánto antes y más diligentemente se trate, mucho mejor. La terapia para los pacientes que sufren de AR ha mejorado de manera drástica en los últimos 25 años.
Los tratamientos actuales ofrecen a la mayoría de los pacientes un alivio muy importante, en algunos casos excelente, de los síntomas y de la capacidad de continuar con sus actividades habituales a niveles normales o casi normales. No existe una única terapia que sea eficaz para todos los pacientes, y muchos de ellos deberán cambiar las estrategias del tratamiento durante el curso de la enfermedad. Hoy, el fármaco de primera elección para el inicio del tratamiento de la AR sigue siendo el metotrexato. A pesar de la inquietud que produce el tratamiento con metotrexato es un fármaco con más de 25 años de experiencia en el campo de la reumatología que está considerado como la mejor opción por su gran eficacia y la baja toxicidad. Si bien es cierto que puede llegar a ser notablemente tóxico y generar múltiples efectos secundarios, la inmensa mayoría de éstos aparecen cuando el metotrexato se usa a dosis oncológicas (son 10 a 20 veces superiores a las reumatológicas). A estas dosis este fármaco se comporta como un inmunosupresor mientras que a dosis bajas, como las reumatológicas, el metotrexato es mayoritariamente un inmunomodulador que “ordena” la actividad inmunológica en lugar de “suprimirla”. No obstante, es un fármaco que requiere de controles analíticos periódicos para prevenir posibles inflamaciones hepáticas, efecto relativamente común, pero que es reversible si se baja la dosis o se suspende el fármaco.
La AR ha sido y sigue siendo un objetivo prioritario de la investigación reumatológica. Como consecuencia de ello han aparecido en los 6-8 últimos años una nueva gama de tratamientos que actúan más específicamente sobre la inflamación articular mejorando considerablemente los resultados terapéuticos. Se conocen genéricamente con el nombre de “terapias biológicas” y comprenden los bloqueadores del TNF alfa, Anticuerpos anti-IL-1, Anticuerpos anti-CD20, Anticuerpos anti-CTLA4 y algunos más todavía en desarrollo. Por regla general, todos estos fármacos son más eficaces si se administran asociados al metotrexato. Actualmente, el primer "escalón" de estas terapias lo constituyen el ifliximab, el etanercept y el adalimumab. Son francamente eficaces y consiguen inducir remisión casi en el 50% de los pacientes que los reciben. En un segundo "escalón" se encuentran el rituximab y el abatacept, cuya utilización es minoritaria y se restringe a aquéllos pacientes que no han respondido a cualquiera de los tres primeros. En los próximos 2-3 años tendremos disponibles nuevos fármacos que se distinguen por una mayor selectividad de acción y una mejor biodisponibilidad. De ellos, los más destacados son el certolizumab pegol, el golimumab, el tocilizumab y el denosumab.
Esto completa un panorama terapéutico ilusionante y esperanzador en el que la visita temprana al reumatólogo es clave para hacer de la AR una enfermedad controlable con la que convivir dignamente.

